Mindfulness: un cambio de perspectiva en la terapia psicológica.

Actualizado: 20 de ene de 2019

Recuerdo que cuando estudiaba Psicología, desafortunadamente muchas asignaturas se centraron en el diagnóstico, la enfermedad, los síntomas, la curación, la APA (American Psychological Association), la clasificación de enfermedades psicológicas -una lista realizada por expertos de la parte del mundo con los recursos para decidir qué es normal y qué no lo es-, técnicas de modificación de conducta -dando por hecho la existencia de conductas buenas y malas-. Yo me preguntaba ¿por qué una comunidad de supuestos expertos tiene el poder de decidir quién tiene una mente sana y quién no?, ¿de decidir quién vive bien y quién no?, ¿y de acuerdo a qué normas y puntos de vista (por supuesto, los puntos de vista de hombre, blanco, occidental)? Es decir, por qué la persona (el paciente o cliente) no tiene nada que decir en el diagnóstico ni en el tratamiento cuando se trata de los pensamientos, emociones y sensaciones?

Y un día descubrí el Mindfulness: se explicaba en qué consistía en un apartado muy breve que trataba sobre las terapias de tercera generación, a las que por aquel entonces no se le daba ningún protagonismo en mi facultad. Precisamente uno de los aspectos que más me atrajo de esta técnica o práctica, fue la perspectiva que el psicólogo adopta respecto al paciente.

La práctica de Mindfulness o atención plena se convierte en una exploración personal, en un reto más que en una tarea a completar.

En la aplicación del MBSR (Mindfulness Based Stress Reduction, o reducción de estrés basado en Mindfulness), que es el programa que introdujo Jon Kabat-Zinn para pacientes con dolor crónico y estrés, no se separan los grupos atendiendo a los diagnósticos de cada persona, sino que todos los participantes están juntos sea cual sea su diagnóstico. Este procedimiento se debe al hincapié que se hace en lo que tenemos en común, en lugar de en lo que "no funciona como debería" (que es la tradicional perspectiva médica).

La práctica de Mindfulness o atención plena se convierte entonces en una exploración personal, en un reto más que en una tarea a completar.

Mindfulness hace hincapié en el esfuerzo personal, en la necesidad del cambio de estilo vida -la práctica individual requiere dedicar idealmente 45 minutos al día, seis días a la semana-. En mi opinión, este aspecto aporta a la persona-paciente un voto de confianza por parte del psicólogo. Se confía en la persona, en sus capacidades, en su determinación para crecer y para cuidarse. La psicóloga no ve ya a la persona como alguien enfermo, pasivo, necesitado de ayuda, sino como alguien activo, protagonista y presente en su propia vida, con capacidad para la toma de decisiones sobre su proceso de cambio.


Mindfulness es más una práctica educacional que clínica.


En este sentido, crear una comunidad de aprendizaje se convierte en un aspecto importante. En ella se comparten experiencias, pensamientos y sensaciones de forma libre y confidencial. Uno de los beneficios de la práctica en grupo es precisamente la posibilidad de compartir, de encuentro y de intercambio. Esta es complementaria a la práctica individual: la comunidad de aprendizaje se convierte en una fuente de apoyo. Mindfulness es más una práctica educacional que clínica, que reubica el foco de nuestra atención desde la "urgencia por curarse" o la "urgencia por cambiar" a la observación sin juzgar y la aceptación.


Para más información:

Full catastrophe living, Jon Kabat- Zinn: Este libro recoge las prácticas e ideas fundacionales del MBSR.


https://www.umassmed.edu/contentassets/24cd221488584125835e2eddce7dbb89/mbsr_standards_of_practice_2014.pdf Documento que recoge los estándares de la práctica del MBSR.